Descalabro

Y este frío de porquería con que se vino junio, se introdujo en mi garganta, arañándola. Me golpeó la frente causándome dolor de cabeza; y, como si fuera poco, correteó a mi apetito y anuló mi ánimo hasta hacerme sentir fatal.

Luego, continuó aniquilándome; bajó torrentes indeseados por mis narices; llegó hasta mis bronquios para conseguir inflamarlos, y ahora, cada cierto tiempo, me obliga a toser cuando cosquillea por mi garganta irritada y el aire raspa los adoloridos alvéolos que no consiguen evitar su pasada. Para colmo,  los sabores y olores se esfumaron, dejaron de existir; mi cabeza se asemeja a un tambor y cualquier sonido lo percibo lejano.

Aquí estoy ahora, abrigada y cerca de una estufa. ¡Nooo! ¡Mucho más que abrigada! Como cebolla concebida con capas de lana, pero el frío ha sido tan astuto, que fue a dormirse en la planta de mis pies y ni las calcetas de lana de oveja pudieron corretearlo. Entonces, tuve que recurrir a una gran botella plástica (de algo que sirvan, ya que no logré encontrar la clásica bolsa de goma), para llenarla con agua caliente y apoyar mis pies en ese calentito universo. Sólo ahí, nada más que ahí, se dio por aludido el frío y se mandó a cambiar.

Pero aunque ya no está, sé que tendré que soportar por varios días el descalabro causado en mi pobre humanidad... 

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Comentarios

Poco a poco Sara, seguro ya te irás encontrando mejor.

Un besazo

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